“Covid y brecha tecnológica de las personas mayores” María de los Ángeles Fuentes en Cruceromx.


Comité de Derechos Humanos Ajusco AC
@ComiteDHAjusco

En diferentes diagnósticos por parte de organizaciones civiles se pone de manifiesto que durante la pandemia se han agravado la violencia y la discriminación hacia las personas mayores.

Lo anterior también es señalado por el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED) en su “Informe sobre impactos diferenciados de la COVID-19 en grupos de atención prioritaria”.

Desafortunadamente durante esta pandemia ha sido latente la mirada asistencialista de los diferentes gobiernos respecto a este sector etario, que continúan limitando su espectro sólamente a las ayudas sociales.

Se observa que se fortalecerán las prácticas clientelares y asistencialistas. También se consolidarán los estereotipos de una vejez pasiva que hace largas filas para recibir una tarjeta de apoyo económico.

Lo que las personas mayores representan realmente, es que son el sustento de una buena parte de los hogares mexicanos.

Para reflexionar sobre la participación social de las personas mayores, hemos resaltado que la brecha tecnológica representa uno de los principales elementos que obstaculizan y limitan derechos fundamentales.

Consideramos que se vislumbra que la forma de participación social hegemónica será digital y a distancia, y que los esfuerzos para hacer a las personas mayores partícipes de estos mecanismos son incipientes.

Por ejemplo, en esta pandemia las compras por vía electrónica se han fortalecido y son consideradas como una necesidad básica por muchas personas.

Este periodo de pandemia, también ha puesto al descubierto otros derechos de las personas mayores que se vulneran a partir de la brecha tecnológica.

Se perfila un endurecimiento del aislamiento de las personas mayores al encontrarse ajenas de la estructura de páginas de redes sociales, y plataformas de comunicación a distancia, imperantes y hegemónicas desde años atrás y consolidadas como indispensables en esta pandemia.

Así como nos indignamos por niñas, niños y jóvenes que han quedado fuera de las clases en línea, también podemos resaltar el deterioro anímico y físico de personas mayores también aisladas de las formas comunicativas de la actualidad.

Si consideramos tan necesarias las formas comunicativas mediante artefactos electrónicos, deberíamos poner atención para desarrollar aplicaciones, plataformas, mecanismos y procesos que hagan posible este máximo acceso de las personas mayores.

Debemos revertir la falsa idea de que los avances tecnológicos son incompatibles con las necesidades de las personas mayores.

Las grandes corporaciones que rigen nuestra vida cotidiana y nuestro consumo deben poner atención acerca del potencial inmenso que representa el mercado de personas mayores.

Esta situación debería ser prioritaria para los institutos públicos y privados de investigación y desarrollo de tecnologías.