“Palabras Mayores” La invisibilización de las mujeres mayores en informes de derechos humanos.

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María de los Ángeles Fuentes Vera

Hoy día, en la Ciudad de México tenemos una Constitución.  Para este proceso fue necesario que diversas personalidades se reunieran a cavilar lo que en nuestra Ciudad debería ser garantizado y reconocido, los Derechos Humanos fueron el eje transversal en la construcción de un documento que agrupará y representará los intereses de la multiplicidad de personas que cohabitamos en esta, nuestra gloriosa Ciudad de México.

En el consejo redactor de la Constitución pudimos observar que “El 17% del Constituyente de la Ciudad de México estuvo conformado por personas mayores de los diferentes partidos políticos” y “a pesar de la alta presencia de personas mayores en la constituyente, y analizando las propuestas con una perspectiva de derechos humanos para la vejez, como la reconocida en la Convención Interamericana sobre la protección de los derechos de las personas mayores.  Únicamente se menciona la continuidad de los programas de la pensión alimenticia”.

Si entendemos que existen instrumentos internacionales vinculantes para que los derechos humanos sean respetados, y que en particular existe una Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las personas adultas mayores, y que en su capítulo III, correspondiente a los deberes generales de los estados parte, Artículo 4, inciso g.   Y que a la letra dice:

“Los Estados Parte se comprometen a salvaguardar los derechos humanos y libertades fundamentales de la persona mayor enunciados en la presente Convención, sin discriminación de ningún tipo y a tal fin…

  1. g) Promoverán la recopilación de información adecuada, incluídos datos estadísticos y de investigación que le permitan formular y aplicar políticas a fin de dar efecto a la presente convención”

El análisis que debe hacerse de la situación de los derechos de las personas mayores en el país va más allá de la mera estadística.  No basta con cuantificar la dispersión de recursos mediante tarjetas de programas sociales de corto alcance, no se debe de basar en la medición cuantitativa de las visitas al médico, decesos y enfermedades.  No.

Para tener un panorama amplio y clarificante, es fundamental tomar en cuenta las acciones de promoción y defensa que desde el mismo sector de población se realizan.  Somos las personas mayores quienes hemos contribuido indudablemente a que los derechos humanos puedan ser nombrados y exigidos en amplísimos espacios y diversos grupos.  Somos nosotras y nosotros quienes durante el camino andado hemos tomado las causas como propias y dimos forma al discurso que aboga por la igualdad, no discriminación, inclusión y respeto, siempre más allá de nuestras propias realidades.

Fortalecemos luchas, nos incluimos en los cotidianos de aquellas personas sin acceso a la educación, agua, servicios de salud.  Somos nosotras y nosotros quienes desde nuestras trincheras exigimos al Estado, a las autoridades, a quienes resulten responsables respuesta inmediata de la desaparición de nuestras hijas, nietos, vecinas.   Nosotras y nosotros quienes solicitamos a la academia generar espacios para la discusión, análisis y el diálogo intergeneracional.

Lamentablemente pareciera que para estos espacios y la población toda, somos cada día más invisibles, resultamos personalidades borrosas, desaparecemos a la par de la memoria de nuestros continentes.  Bien es conocido que aquellos pueblos que no tienen memoria están condenados a perecer.  Si partimos de este hecho, y nos reconocemos como personas que abogamos por la construcción de colectividades incluyentes e igualitarias. ¿A qué atribuimos que en los diversos espacios de análisis y en los informes generados desde lo institucional, local, federal, internacional, inclusive desde la sociedad civil no se tome en cuenta la variable “edad” como un elemento clave para comprender los procesos de lucha y defensa de derechos humanos?

Esta interrogante surge a partir de una detallada revisión  a múltiples informes del 2016, en los que a partir de cifras se cuantifican las violaciones, agresiones, muertes y desapariciones a personas defensoras de derechos humanos.  Informes en los que importantes hechos son plasmados, y que indudablemente resultan herramientas indispensables para la petición de cuentas, pero que al invisibilizar la participación de las mujeres mayores, contribuyen de manera casi involuntaria a la perpetuación de las condiciones de desigualdad que las mujeres enfrentan día con día.

Se trata pues de un llamado de atención para quienes han tomado como causa la representación de las diversas luchas.

Es fundamental que los informes, particularmente aquellos que se dictan desde la sociedad civil sean consideradas las mujeres mayores como personas defensoras y con esta acción contribuir a visibilizar a este sector etario quienes cada día somos más inexistentes para el Estado.

Retomando el tema que nos reúne, y que da nombre a esta ponencia, me permitiré enunciar los elementos de análisis sobre los cuales indagamos para dar fe de que en los informes revisados no existe una variable que integre a las mujeres mayores como una categoría.

(CUADRO 1, ANEXO)

Consideramos que al no nombrar los términos: viejo, vieja, vejez, persona mayor, persona adulta mayor, ni integrar una categoría cuantitativa de edad para la identificación de agravantes y violaciones a derechos humanos, no se concede la justa valía a la participación política de las mujeres mayores en los diversos espacios de lucha. Si hemos delimitado la búsqueda a estos informes, es por su peso y dimensión política.  Pero estamos conscientes de que esta invisibilización se encuentra en la totalidad del espectro social.

Como puede observarse, en las distintas latitudes el accionar es el mismo. No existe espacio para la persona mayor y mucho menos para las mujeres mayores, no se identifica la capacidad de lucha, de acuerpamiento y de fuerza que damos a los espacios de exigibilidad.

Si bien el Estado se ha encargado de convertir a las personas mayores en cuotas partidistas, en carne de cañón, incansables asistentes de mítines y marchas; ¿ porque desde la Sociedad Civil se actúa con la misma displicencia?  Por qué la variable de género se ve mermada por la cuestión etarea.  Si nosotras hemos luchado por generaciones y de manera conjunta con personas jóvenes, por qué estas mujeres jóvenes se encuentran dentro del discurso que elimina e invisibiliza por razones de edad?

“La interpretación negativa de la vejez en la que se valora la juventud como un sinónimo de productividad, genera maltrato, abuso, despojo, violencias y abandono, y cruzada con otras formas de discriminación como el género, la etnia y la desigualdad, potencializan un grave problema de exclusión social”.  “Los estereotipos e imágenes negativas que hay sobre la vejez obstaculizan las posibilidades de visibilidad, valoración positiva y reconocimiento personal y social de esta etapa de la vida a la que se teme llegar.  Visibilizar y revalorar la vejez que ocurrirá –u ocurre ya- es indispensable para generar una cultura de reconocimiento y ejercicio de nuestros derechos como personas mayores”.

¿Qué nos toca hacer? ¿Cómo podemos avanzar del discurso a la práctica? Lo sabemos desde tiempo atrás, la inclusión es la respuesta.

Nosotras desde la experiencia y la edad, consideramos como una tarea fundamental revalorizar el peso que las mujeres tenemos en la promoción de la acción colectiva, el papel que las mujeres mayores juegan como movilizadoras es indispensable para la consolidación de espacios de lucha.  Es decir habrá que ver a las mujeres mayores como agentes de cambio quienes promueven desde su praxis un sentimiento de colectividad, generando redes que sin duda juegan un papel fundamental para involucrar a más personas en búsqueda de un fin común.

Fortalecer un movimiento requiere de una labor desde el conocimiento de la acción, necesita configurarse como un sistema de relaciones, en donde se entienda a la identidad no como algo transparente y armonioso, sino como la capacidad de reconocer las diferencias y de sopesar las tensiones que de estas diferencias fluyen.

Gracias

ANEXO.

El cuadro mencionado en el siguiente enlace

CONTEOINDS

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